La Justicia permitió a los candidatos porteños vetados por Lavagna a pegar su lista a la boleta presidencial del ex ministro

Roberto Lavagna (Adrian Escandar)
Roberto Lavagna (Adrian Escandar)

La Junta Electoral de Consenso Federal, el partido liderado por Roberto Lavagna, impugnó la lista de candidatos porteños que responden a Margarita Stolbizer, llamada "Progresistas". Además, el ex ministro de Economía presentó el 2 de julio una nota en la que pidió que su boleta -en la que es secundado por Juan Manuel Urtubey- solo esté acompañada por la lista que el si avala, llamada "Consenso por el futuro".

Este miércoles, la jueza electoral María Servini rechazó este último pedido y determinó que la lista "Progresistas" podrá presentar su boleta y adherir su boleta a la del binomio presidencial, dado que "no fue objeto de observaciones formales por parte de la Junta Electoral de la alianza".

"Las listas A y B no son más que diferentes matices dentro de una misma agrupación política. Todas las listas electorales de la ciudad de Buenos Aires conformadas por los partidos fundadores de la alianza se encuentran autorizados a adherir sus listas a la de presidente y vicepresidente de la Nación", agrega la jueza en el fallo.

La jueza electoral María Servini
La jueza electoral María Servini

Por ende, explicó, "a los fines de satisfacer el principio de participación y mantener la transparencia en los acuerdos políticos y teniendo en cuenta lo que surge de la cláusula sexta del acta constitutiva, la suscripta entiende que dichos acuerdos son hechos para cumplirse, por lo que deberá respetarse la voluntad plasmada en los mismos".

No obstante, la facción de Consenso Federal que se opone a esta posibilidad cuenta con la facultad de apelar la decisión ante la Camara Electoral.

La lista de "Progresistas" lleva a Julio Bárbaro como primer candidato a senador, a Carlos Campolongo como primer diputado y a Miguel Ponce como jefe de Gobierno. En contraste, "Consenso por el futuro" lleva al "youtuber" financiero Ramiro Marra como primer candidato a senador, a Marco Lavagna a la cabeza de la lista de diputados nacionales y a Matías Tombolini como candidato a jefe de Gobierno Porteño.

Seguí leyendo:

El fiscal electoral avaló las internas del frente de Roberto Lavagna en la ciudad de Buenos Aires

Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey apuestan a resistir la extrema polarización y buscarán votos en el interior del país

Chequea también

Es jubilada, fundó un comedor hace 23 años y duerme 4 horas diarias por un objetivo: darle de comer a más de 300 personas

Stella Maris, la jubilada que eligió trabajar todo el día para ayudar a otras personas. (Gentileza Stella Maris Barbatto)Stella Maris Barbatto tiene 67 años, es abuela y no descansa. Todos los días se levanta a las 5 de la mañana para cocinar y se acuesta cerca de la medianoche, cuando termina de organizar el comedor que fundó hace más de dos décadas. Mientras el lugar crecía y se convertía en el centro del barrio, le descubrieron tumores en las mamas: superó tres operaciones en menos de dos meses. "Sin saber si eran benignos o malignos decidí no bajar los brazos", dijo a Infobae.Corría 2007 y sobre sus hombros cargaba la responsabilidad de La fuerza del corazón, el comedor comunitario nacido de sus deseos de ayudar a los vecinos de San Francisco Solano cuando la crisis económica de finales de los '90 los afectó severamente. Primero llegaron 20 niñas y niños, al poco tiempo se duplicaron y más tarde aparecieron los adultos. Hoy prepara comida para 45 familias, pacientes del hospital zonal, ayuda a las escuelas del barrio y con apenas 4 horas de descanso dice que se siente feliz. Los comienzosStella Maris junto a las voluntarias que la ayudan a sostener el comedor (La fuerza del corazón)Stella Maris responde el llamado de Infobae durante un breve descanso en la clase de apoyo escolar que brinda a tres pequeños vecinos, atrasados en sus tareas de grado, que no dejan de preguntar a una de las voluntarias algunas dudas. El "aula" es el quincho de su casa, en San Francisco Solano, localidad del sur del conurbano en la que vive desde que llegó en brazos de sus padres inmigrantes cuando era una beba de pocos meses.Ese quincho fue construido para que sus cuatro hijos tuvieran un espacio cerrado para jugar y para disfrutar con la familia, pero en 1996 se convirtió en el comedor donde llegó a albergar a un centenar de personas. Al poco tiempo le quedó muy chico y decidió cambiar la modalidad de atención: cada día, a las 8 de la mañana, llegan más de 300 personas para recibir sus viandas."Les ofrecemos comida para todo el día, pero hacemos más que darles alimento: brindamos contención", remarca Stella Maris cuando cuenta que en ese quincho hay clases de apoyo escolar "para los chicos que realmente lo necesitan porque sus padres no los pueden ayudar". Además, enseñan a pintar mandalas, a reciclar y prestan el oído a toda aquella persona que lo necesita.1996: los primeros pasos del comedor que arrancó con 15 chicos y que hoy asiste a más de 300 personas. (Gentileza: La fuerza del corazón)"Arrancamos muy temprano —cuenta—A las 5 de la mañanas empezamos a cocinar y a las 8 entregamos las viandas. Antes les daba de comer acá, pero la gente se quedaba esperando haciendo fila y no quería verlos esperando por un plato de comida y además, esperar para sentarse. ¡Era muy deprimente! Y siempre pensé que el vinculo familiar es algo que hay que preservarlo. La familia debe sentarse en la mesa de su casa para comer".Quienes llegan solos o si no tienen dónde ir, pasan al comedor y allí se quedan a compartir con otros.—¿Cómo surge la idea de fundar el comedor comunitario?—La idea surgió en 1994, cuando comenzaron a privatizar varias empresas, como Obras Sanitarias, Segba… Muchas familias vecinas que trabajaban allí quedaron sin trabajo. En ese momento, todos hicieron lo que pudieron: abrieron sus propios negocios como almacenes o kiosquitos, pero después no los pudieron mantener y se quedaron sin ingresos. Los adolescentes empezaban a abandonar la escuela secundaria y se juntaban en las esquinas, los más chicos no querían ir al colegio por problemas que surgían en sus casas… ¡Perdían su futuro! Angustiada por lo que veía, un día decidí hacer algo por esos chicos, pese a los problemas de salud que yo tenía.“Angustiada por lo que veía, un día decidí hacer algo por esos chicos, pese a los problemas de salud que yo tenía. Así surgió la idea de trabajar para ayudarlos”—¿La ayuda de quiénes llegó? ¿Quiénes colaboraron?—En ese momento hablé con los vecinos. Pregunté quién podía hacer alguna donación ya que siempre nos manejábamos con comerciantes de la zona. En 1999, cuando comencé a trabajar en la Fundación de Adolfo Pérez Esquivel recibimos ayudaba de allí. Más tarde llegó una comitiva de Italia y trajo proyectos de la Unión Europea que derivó en una subvención para los alimentos a través de la UE. Pero con el tiempo toda esa ayuda se fue cortando y con los cambios de gobiernos se le exigió al Estado que sigan subvencionando.Festejo del Día de la Niñez en “La fuerza del corazón”—¿Y hoy? ¿Reciben ayuda?—¡De alguna manera nos arreglamos! ¡Siempre aparece un alma caritativa que trae una donación y todos nos ayuda! Los voluntarios de Italia no nos olvidan y una vez al año colectan dinero y nos lo mandan; con eso compramos alimentos. Somos una ONG y acá todo es trabajo voluntario. A veces, por no estar involucrada en lo que sea política cuesta conseguir cosas, pero con paciencia todo se logra.—¿Cómo era tu vida antes del comedor?—Siempre estuve vinculada a lo social, como voluntaria. En la fundación de Pérez Esquivel hasta que cerró… ¡A este tipo de trabajo lo llevo en el alma desde siempre! ¡Creo que con esto se nace! Yo soy la que cocina todos los días desde las 5 de la mañana, estoy en frente de todo lo que se hace, hago las compras, estoy en contacto con los chicos. Además, estoy casada, tengo cuatro hijos, todos casados, ¡y yo no como en mi casa!—¿Por qué no?—¡Porque estoy siempre haciendo algo! Antes teníamos un quincho, ¡pero se convirtió en el comedor! Un día me detectaron tumores en las mamas, no sabía si era cáncer o no, pero de todas maneras me propuse no bajar los brazos. ¡Hasta el día de hoy sigo trabajando!En el patio de la casa de Stella Maris funciona el comedor “La fuerza del corazón” al que actualmente acuden 300 personas en busca de alimentos.—Te extirparon tumores de las mamas y no sabías si eran benignos, como lo fueron… ¿qué recordás de esos días?—¡Me puse a trabajar con más fuerzas! A este trabajo le dedico, prácticamente, las 24 horas del día desde siempre. En ese momento me ayudaron mucho Adolfo, mi marido, y las voluntarias. Ellos se cargaron todo a los hombros. Fui operada tres veces y las tres operaciones salieron bien. ¡Y acá estoy! ¡Sigo en carrera!—¿Y la vida de jubilada?—(Se ríe) ¡Estoy jubilada! Pero en estos días planté 300 plantas de lechuga, 200 de tomate, 200 de morrones y 200 de berenjena en la huerta frente al comedor.Actualmente, en La fuerza del corazón funciona una huerta en un terreno cedido por una empresa de trenes y una canchita de fútbol que prestan a una de las escuelas del barrio. Además, brindan apoyo escolar para las niñas y niños atrasados en las tareas y que son enviados, en muchos casos, por las propias maestras.Stella Maris y las voluntarias que ayudan en el comedor que además, hace de aula de apoyo escolar, talleres de mandala, reciclado y un lugar donde muchos van a buscar el calor de un hogar. (Gentileza Stella Maris Barbatto)—¿Hay algo que te quite el sueño?—¡Si! ¡Terminar la canchita de fútbol! Vivo enfrente de las vías ferrocarril, que ya no pasa desde hace muchos años, hicimos un convenio con Ferrobaires y nos cedió esa parte en comodato. En ese terreno tenemos también una huerta grande, la canchita de fútbol y un espacio verde, un jardín. Lo que me quita el sueño ahora es cerrar la canchita de fútbol. Está alambrada, pero el tejido se están viniendo abajo. Tenemos que terminar los vestuarios, poner nuevas redes.(esa cancha la prestan a los chicos de la escuela 51 y al equipo de fútbol femenino que entrenan) Somos un conjunto de personas que trabajamos conjuntamente. Nos faltan materiales, mano de obra solidaria siempre hay.—Tras 23 años de trabajo intenso ayudando a todo el barrio ¿cuál es tu recompensa?—Ver cómo esas chicas y chicos se va integrando; ver que quienes venían con problemas en busca de consejos pudieron solucionarlo porque nos escucharon o tomaron en cuenta lo que les dijimos. Esas son las cosas que personalmente me llenan de fortaleza o cuando salgo a hacer un mandado y me encuentro con chicos que ya son papás y me llaman en la calle: "¡Stella, Stella!" y le cuentan a sus hijos que cuando eran chicos venían a comer a casa. ¡Esos saludos, esos recuerdos, y tener salud, son las cosas que más reconfortan!Seguí leyendoLa abanderada de 11 años que vivía debajo de un puente es madre, será abogada, y no se lamenta: "Esa vida me forjó"Ousman Umar, el autor que cuenta en primera persona cómo escapó del hambre de Ghana y llegó al "Paraíso"

A %d blogueros les gusta esto: