El peronismo federal celebra que la unidad haya dado resultado en las provincias, pero se resiste a encolumnarse detrás de Cristina Kirchner

El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, junto a su compañera de fórmula, Laura Stratta
El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, junto a su compañera de fórmula, Laura Stratta

El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, ganó las PASO en su provincia con el 58,15% de los votos. Le sacó 24 puntos de distancia al candidato de Cambiemos y consolidó, al mismo tiempo, la victoria de la estrategia de unidad peronista y la quinta derrota consecutiva del Gobierno en las elecciones provinciales. Un combo atractivo para el análisis de todo el arco opositor. Sobre todo para el kirchnerismo, que se precia de haber revalidado la idea de que la unidad es el único camino que conduce a la victoria.

Bordet logró cerrar un acuerdo con el kirchnerismo en su provincia y evitó filtraciones de votos peronistas, e impidió que Unidad Ciudadana le plantara una lista paralela en las primarias. El acercamiento le permitió entablar un canal de diálogo con Cristina Kirchner y eliminar los intermediarios. Un acercamiento en buenos términos y sin promesas absurdas. En ese contexto apeló al pragmatismo de la negociación provincial para tener "amplitud de conducción" en su gobierno. Como reconocieron en su entorno, para gobernar el entrerriano apuesta a "conducir con todos y no con los que caen simpáticos".

La estrategia de unidad funcionó bien, pero si no hubiese existido ese acuerdo el actual gobernador hubiese logrado el triunfo de todas formas. Así lo entienden puertas adentro de la gobernación de Entre Ríos. Es decir, que el alcance del beneficio de la unidad fue un porcentaje de votos que no puso en jaque el triunfo pero permitió que el resultado fuera más abultado.

El mandatario entrerriano ratificó su pertenencia a Alternativa Federal después del triunfo en las PASO
El mandatario entrerriano ratificó su pertenencia a Alternativa Federal después del triunfo en las PASO

Según las encuestas que manejan en el equipo de gobierno, el entrerriano tiene el 70% de imagen positiva y la aceptación de su gestión es mayoritaria. El respaldo que marcan los trabajos de consultoría fueron la clave del triunfo. Así lo entienden. "Bordet era el gran elector y las encuestas nos daban ganadores en un posible escenario dividido", le explicó a Infobae un dirigente peso dentro de la estructura de gobierno.

En definitiva, el kirchnerismo no estaba dispuesto a presentar un rival en las elecciones porque la derrota estaba asegurada. Similar situación a lo que ocurrió en Córdoba, San Juan y Santa Fe. Cristina decidió bajar a sus candidatos o, directamente, llegar a un acuerdo previo con cada gobernador o con los candidatos instalados. Es mejor bajar a un candidato antes que exponerlo a salir tercero o cuarto. Esa debilidad que evitan reconocer en el Instituto Patria quedó expresada también en Entre Ríos. Es una estrategia para evitar que el nombre de la ex presidenta quede pegado a una derrota, como ya le sucedió en las elecciones de Neuquén.

En San Juan Uñac ganó con el 55% de los votos en las PASO. El acuerdo con Unidad Ciudadana fue una réplica de la negociación en suelo entrerriano. El nombre de la victoria era el actual gobernador y la estrategia, al igual que en Entre Ríos, fue trazada por el oficialismo. Fueron los principales laderos de los mandatarios los que idearon el plan de acción. En esa mesa de definiciones no estuvo el kirchnerismo.

El gobernador de San Juan, Sergio Uñac, logró cerrar la unidad en su provincia antes de las elecciones primarias
El gobernador de San Juan, Sergio Uñac, logró cerrar la unidad en su provincia antes de las elecciones primarias

Ambos gobernadores – Bordet y Uñac – recibieron el respaldo de todo el arco peronista. Luego del triunfo, las respectivas felicitaciones. Pocas horas después de concluido los comicios ambos marcaron cuál es el camino que quieren seguir en la etapa de definiciones nacionales. Es decir, su postura en la discusión federal que atraviesa el peronismo desde hace meses y que está transitando los últimos meses previo a la presentación de las listas de candidatos.

En la mañana del lunes el gobernador de Entre Ríos fue conciso. "Yo estoy trabajando en encontrar la alternativa de la Argentina. Hay que superar la división Macri y Cristina Fernández", expresó en una entrevista radial. Y agregó: "En Argentina hay un cansancio de esta grieta que se ha armado hace mucho tiempo. Hay que trabajar para superarla".

Bordet es parte de Alternativa Federal, espacio peronista que se armó en paralelo al kirchnerismo e impulsando una propuesta electoral que pueda romper la polarización entre Cambiemos y Unidad Ciudadana. Su alianza con el kirchnerismo en Entre Ríos no se trasladará fuera de los márgenes de la provincia. El gobernador sigue pensando que Cristina Kirchner no es la mejor opción. Incluso, tres semanas atrás, aseguró que se inclinaría por respaldar una posible candidatura de Roberto Lavagna antes que la de la ex jefa de Estado.

El mandatario sanjuanino respaldó la candidatura de Roberto Lavagna
El mandatario sanjuanino respaldó la candidatura de Roberto Lavagna

Uñac también marcó sus diferencias después de que el 31 de marzo ganara las elecciones primarias. "El Gobierno está esperando que Cristina juegue; seríamos inocentes si le diéramos esa posibilidad", afirmó en una entrevista con Infobae. Pocos días después, durante un viaje por Estados Unidos, se manifestó en la misma línea: "Creo que la ex presidenta va a aportar a la construcción de una opción en donde ella pueda no estar como referente o cabeza de lista".

Bordet se quedó con el liderazgo político provincial sin hacer acuerdos que resignen su construcción con los gobernadores. En el comienzo de la semana se encargó de ratificar que adhiere a una construcción nacional que no está dispuesta a firmar la unidad con el kirchnerismo y que considera que el liderazgo de Cristina Kirchner está terminado. Desechó cualquier frase ambigua y aclaró el lugar en el que está parado.

Uñac no es parte de Alternativa Federal ni de Unidad Ciudadana. Construyó su liderazgo en el territorio y haciendo equilibrio para que no se caigan al vacío ninguno de los sectores que forman el frente Juntos. Incluso, el kirchnerismo. El sanjuanino lleva tiempo marcando que después de ocho años en el gobierno los presidentes no deben postularse más para ocupar el máximo cargo de la nación. Está claro cuál es su postura con respecto al futuro de la ex jefa de Estado.

Los dos gobernadores que cerraron la unidad en sus provincias y ganaron las PASO por amplia mayoría convocaron a la unidad nacional del peronismo. Una unidad que no tenga a Cristina Kirchner como líder pero que permita ganarle la elección a Mauricio Macri. Fue un llamado al pragmatismo, pero con condiciones. En el peronismo federal siguen reafirmando que, más allá de los acuerdos provinciales, no están dispuestos a que Cristina lidere el proyecto nacional para vencer a Cambiemos en las elecciones de este año. Lo dicen con claridad.

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Ezeiza, la “masacre” que no fue

Una lucha por el control del palco que derivó en enfrentamientoSe ha impuesto una versión simplista de los años 70, relatada por ex dirigentes montoneros como Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky y otros, cuyo desarrollo puede sintetizarse de este modo: "Nosotros fuimos los que más luchamos para traer a Perón y él cuando llegó nos traicionó, se alió con los malos (sindicalistas y otros) nos persiguió y nos echó de la Plaza". En síntesis, la historia de un tercer Perón fascista que viene a convalidar la teoría de los viejos izquierdistas que en 1946 se aliaron al embajador norteamericano Spruille Braden para enfrentar al "nipo-nazi-fascismo" peronista. Otros autores de cuño liberal, aunque critican a la guerrilla montonera, coinciden con ellos que el malo de la película fue Perón. Terminan compartiendo la versión del mismo Jorge Videla de que "la Triple A fue una creación directa de Perón", y de que la represión ilegal "no fue idea de las FFAA sino del propio gobierno peronista".Y, en esa versión de la historia, se cruzan y coinciden los Bonasso y Verbitsky con el genocida Jorge Rafael Videla. La guerrilla necesita ese argumento para justificar sus gravísimos errores políticos y los genocidas para descargar sus culpas.La multitudinaria concentración en EzeizaMi libro La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón está dedicado íntegramente a desmontar esta versión simplista de una historia de buenos y malos. Con la particularidad de que está basado en el testimonio de 50 militantes del bando de los "buenos", o sea, ex guerrilleros que lucharon hasta 1973 por el retorno de Perón. Allí explico en detalle los sucesos del 20 de junio en Ezeiza que trataré de sintetizar brevemente aquí.En el relato montonero, el “ajusticiamiento” de Rucci fue para vengar la “Masacre de Ezeiza”Hace poco alguien dijo que el Pacto Social de Perón en 1973 fue una idea genial. Pacto que tenía dos soportes: Jose Ber Gelbard, por el sector empresario, y José Ignacio Rucci, por la CGT. Habría que decir que asesinar a Rucci dos días después de que Perón ganase por el 62 por ciento de los votos no fue un acto justiciero por parte de Montoneros, sino uno de los errores más gruesos de su historia, error que los llevó a enfrentar a Perón muchos meses antes de que el General los tratase de "imberbes" en la Plaza.Y aquí empalma el relato montonero con los hechos de Ezeiza. El "ajusticiamiento" de Rucci fue para vengar la "Masacre de Ezeiza". La descripción sucinta de los hechos es la siguiente: para recibir al General Perón en su retorno definitivo a la patria, se convocó un acto, en un palco montado en cercanías del puente 12 de la autopista Richieri. Cerca de 3 millones de personas se dieron cita desde muy temprano. Pero lo que iba a ser una fiesta esperada durante 18 años se transformó en una enorme frustración.Cerca de las 14 horas, en la parte posterior del palco se generó un tiroteo entre el grupo de custodia y una gruesa columna de Juventud Peronista identificada con FAR y Montoneros. El saldo de los enfrentamientos fue de 13 muertos y un número indeterminado de heridos.Los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza sino: "Enfrentamientos entre grupos armados". Sin embargo FAR y Montoneros, denunciaron que había sido una emboscada preparada por los sectores de la ortodoxia peronista, que se convirtió en una matanza. Lo sugestivo es que sólo mencionaban dos o tres nombres de militantes asesinados. El mito de la "masacre" se agigantó con el tiempo y hoy casi nadie discute ese paradigma.En Ezeiza -como en muchos otras concentraciones de este tipo- hubo una disputa por copar el acto, movilizando grandes columnas para llegar con sus carteles lo más cerca posible del palco. Y sin dudas los ganadores fueron las columnas movilizadas por FAR y Montoneros que llegaron a posicionar sus carteles a pocos metros. El ex coronel Jorge Osinde se hizo cargo de la seguridad del palco, desplazando a las policías federal y provincial. Para ese fin constituyó un grupo de unos trescientos "pesados" con gente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), del CdO (Comando de Organización), custodios sindicales y ex militares peronistas. Un grupo variopinto de personajes de pocas luces, pero con vocación de "caza zurdos". Los proveyó de armas cortas y largas con directivas poco claras respecto en qué caso usarlas.En las columnas montoneras, identificados con brazaletes de colores diferenciados, marchaban grupos de militantes portando armas cortas de "defensa personal" . El propio Mario Firmenich calculó que serían unos cinco mil cuadros de JP armados "solo con armas cortas". Esta frase se destaca en todos los relatos como si las "armas cortas" fuesen un adorno o una banderita en la mano. Imaginemos entonces, un acto multitudinario con tres millones de personas, donde hay 300 locos en el palco fuertemente armados, y cinco mil jóvenes mezclados entre la gente provistos de armas cortas, pujando por ver quién pone los carteles más cerca. Un cóctel explosivo al que sólo le hacía falta una chispa para derivar en caos. Esto fue lo que sucedió a espaldas del palco, cuando una gruesa columna con carteles de FAR y Montoneros intentó pasar por detrás para posicionarse a la derecha del palco, lo que fue interpretado por los custodios como el intento de tomar el palco por asalto. Primero fueron insultos y empujones, luego cadenazos, hasta que alguien tiró el primer tiro y se desató el pandemonio. Lo que siguió fue una enorme confusión en la que nadie tenía claro quiénes ni contra quién disparaban.De los 13 muertos en la refriega, cuatro pertenecían a la JP: Horacio "Beto" Simona de Montoneros, Antonio Quispe de las FAR, Hugo Oscar Lanvers de la UES y Raúl Obregozo de la JP La Plata. Entre los custodios del palco las víctimas fueron tres: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del CdO: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez . Los otros 6 fallecidos no fueron reivindicados como militantes de ningún sector lo que indica que serían simples asistentes al acto. Los hechos hablan por sí mismos. Si de semejante despliegue de armas hubo cuatro muertos del sector FAR y Montoneros y tres muertos de los custodios del palco, es forzado caracterizar como emboscada y masacre. En todo caso habrá sido un enfrentamiento desigual donde ambos bandos pagaron su costo en vidas. La confusión e impericia de los custodios del palco fue tan grande que los llevó a atentar contra quienes serían de su propio bando. Es el caso los ocho torturados en el hotel de Ezeiza por la gente de Osinde: ninguno integraba las filas de la JP . Dardo José González y Luis Pellizon pertenecían a la UOM de Campana. Alberto Formigo y Tomás Almada, al sector ortodoxo de la juventud. Raúl Alberto Bartolomé, agente de la policía de Mendoza, llegó a Ezeiza con la CNU y relata que "me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron, con Ciro Ahumada dirigiéndolos".La foto más simbólica de EzeizaSi existe una foto que simboliza los hechos de Ezeiza, es la del joven de pullover claro, izado al palco desde los pelos. Esa imagen se presenta como prueba irrefutable, de la agresión de que fueron víctimas los militantes de FAR y Montoneros. Sin embargo, en el año 2010, el investigador y escritor Enrique Arrosagaray logró descubrir y entrevistar al joven de la foto. Se llama Juan José Rincón, vive en Dock Sud. Era militante en la Juventud Peronista de la República Argentina ("Jotaperra"), de la ortodoxia peronista, y concurrió a Ezeiza, con la columna de Herminio Iglesias.Entre los testimonios de La Lealtad es muy clara Marcela Durrieu, ex militante montonera y participe de la refriega, cuando analiza lo sucedido : "No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Y esto no es de ninguna manera una disculpa a los hijos de puta de Osinde y compañía, pero si lo realmente importante era el encuentro de Perón con su pueblo, la respuesta debió ser facilitarlo, independientemente de quien custodiara el palco, y asegurar que no hubiera incidentes. Me detengo en esto, porque Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción [de Montoneros] tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza"El autor es escritor. Su último libro es "Salvados por Francisco", Ediciones B 2019Seguí leyendo:Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"Peronismo o kirchnerismo

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