Capturaron a «El Rafa», operador de «El Mayo» Zambada en Colombia

“El Rafa” era uno de los principales enlaces entre cárteles mexicanos y colombianos (Foto: Captura de pantalla Caracol)
“El Rafa” era uno de los principales enlaces entre cárteles mexicanos y colombianos (Foto: Captura de pantalla Caracol)

La Policía Antinarcóticos de Colombia capturó este fin de semana en Bogotá a "El Rafa", uno de los narcotraficantes mexicanos más buscados por Interpol al ser una parte medular de los negocios del Cártel de Sinaloa con ese país y el principal enlace de otro grupos criminales mexicanos.

"El Rafa" fue enviado por Ismael "El Mayo" Zambada para supervisar las compras de cocaína de la organización criminal, también se encargaba de sus negocios personales.

Después de haberse escapado hace dos años de un operativo, esta vez el narcotraficante fue detenido mientras caminaba con toda tranquilidad por el centro de Bogotá. Como no traía consigo ningún documento que acreditará su identidad, pidió a los elementos de la policía que lo acompañaran hasta su Mercedes Benz, donde tenía papeles con una personalidad falsa.

Ismael “El Mayo” Zambada confió al capo mexicano sus negocios en Colombia (Foto: Archivo)
Ismael “El Mayo” Zambada confió al capo mexicano sus negocios en Colombia (Foto: Archivo)

Carlos Bueno, coronel de la Policía Antinarcóticos colombiana, declaró a Caracol que "El Rafa", mientras arreglaba los negocios de "El Mayo", adquirió más de una decena de propiedades de lujo y vehículos en las ciudades de Bogotá, Cali, Cartagena y Medellín.

"Seguía invirtiendo en bienes raíces, sabemos que hizo adquisiciones de inmuebles bastante costosos y así les daba transparencia y legalidad a sus dineros, producto de la venta de cocaína", agregó el coronel Bueno.

Entre sus funciones estaba también comprobar que la cocaína que compraba el "El Mayo" en ese país tuviera la cantidad y la calidad acordadas, así como conseguir el mejor precio.

El mexicano, del que sólo se dio a conocer su apodo fue atrapado mientras caminaba por el centro de Bogotá (Foto: Captura de pantalla Caracol)
El mexicano, del que sólo se dio a conocer su apodo fue atrapado mientras caminaba por el centro de Bogotá (Foto: Captura de pantalla Caracol)

Pero, según Bueno, también conseguía droga de diferentes tipos para distintos cárteles mexicanos. También manejaba rutas que los grupos delincuenciales tenían en el Caribe, Centroamérica, México y Estados Unidos.

La presencia de los capos mexicanos en Colombia ha aumentado en los dos últimos años, sumando 24 detenciones en 2019 y 45 el año pasado. "Han venido a hacer parte de la cadena, han venido a contactar las organizaciones, ellos mismos han venido a verificar el producto, la cocaína que están comprando, para posteriormente ser enviada hacia México", dijo Bueno a Caracol.

"Ha sido alarmante ver cómo éstas organizaciones han llegado al país con el fin de verificar el producto, con el fin de hacer inversiones en los laboratorios, hacer los contactos, adquirir el estupefaciente y verificando calidad. Están muy bien establecidos en la zona, ellos tienen control territorial e infraestructura", agregó.

“El Rafa” era uno de los más buscados por la Interpol (Foto: Captura de Pantalla Caracol)
“El Rafa” era uno de los más buscados por la Interpol (Foto: Captura de Pantalla Caracol)

"En el último año tenemos cerca de 25 ciudadanos de nacionalidad mexicana que han sido sorprendidos o capturados traficando drogas en diferentes modalidades ya sea como pasantes en los aeropuertos del país o también como miembros de organizaciones de narcotráfico que adquieren la droga y la envían hacia Centroamérica y Estados Unidos", agregó Bueno.

"El Rafa" era uno de los narcotraficantes mexicanos más buscados por la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol, por sus siglas en inglés) y las agencias de inteligencia estadounidenses.

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Ezeiza, la “masacre” que no fue

Una lucha por el control del palco que derivó en enfrentamientoSe ha impuesto una versión simplista de los años 70, relatada por ex dirigentes montoneros como Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky y otros, cuyo desarrollo puede sintetizarse de este modo: "Nosotros fuimos los que más luchamos para traer a Perón y él cuando llegó nos traicionó, se alió con los malos (sindicalistas y otros) nos persiguió y nos echó de la Plaza". En síntesis, la historia de un tercer Perón fascista que viene a convalidar la teoría de los viejos izquierdistas que en 1946 se aliaron al embajador norteamericano Spruille Braden para enfrentar al "nipo-nazi-fascismo" peronista. Otros autores de cuño liberal, aunque critican a la guerrilla montonera, coinciden con ellos que el malo de la película fue Perón. Terminan compartiendo la versión del mismo Jorge Videla de que "la Triple A fue una creación directa de Perón", y de que la represión ilegal "no fue idea de las FFAA sino del propio gobierno peronista".Y, en esa versión de la historia, se cruzan y coinciden los Bonasso y Verbitsky con el genocida Jorge Rafael Videla. La guerrilla necesita ese argumento para justificar sus gravísimos errores políticos y los genocidas para descargar sus culpas.La multitudinaria concentración en EzeizaMi libro La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón está dedicado íntegramente a desmontar esta versión simplista de una historia de buenos y malos. Con la particularidad de que está basado en el testimonio de 50 militantes del bando de los "buenos", o sea, ex guerrilleros que lucharon hasta 1973 por el retorno de Perón. Allí explico en detalle los sucesos del 20 de junio en Ezeiza que trataré de sintetizar brevemente aquí.En el relato montonero, el “ajusticiamiento” de Rucci fue para vengar la “Masacre de Ezeiza”Hace poco alguien dijo que el Pacto Social de Perón en 1973 fue una idea genial. Pacto que tenía dos soportes: Jose Ber Gelbard, por el sector empresario, y José Ignacio Rucci, por la CGT. Habría que decir que asesinar a Rucci dos días después de que Perón ganase por el 62 por ciento de los votos no fue un acto justiciero por parte de Montoneros, sino uno de los errores más gruesos de su historia, error que los llevó a enfrentar a Perón muchos meses antes de que el General los tratase de "imberbes" en la Plaza.Y aquí empalma el relato montonero con los hechos de Ezeiza. El "ajusticiamiento" de Rucci fue para vengar la "Masacre de Ezeiza". La descripción sucinta de los hechos es la siguiente: para recibir al General Perón en su retorno definitivo a la patria, se convocó un acto, en un palco montado en cercanías del puente 12 de la autopista Richieri. Cerca de 3 millones de personas se dieron cita desde muy temprano. Pero lo que iba a ser una fiesta esperada durante 18 años se transformó en una enorme frustración.Cerca de las 14 horas, en la parte posterior del palco se generó un tiroteo entre el grupo de custodia y una gruesa columna de Juventud Peronista identificada con FAR y Montoneros. El saldo de los enfrentamientos fue de 13 muertos y un número indeterminado de heridos.Los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza sino: "Enfrentamientos entre grupos armados". Sin embargo FAR y Montoneros, denunciaron que había sido una emboscada preparada por los sectores de la ortodoxia peronista, que se convirtió en una matanza. Lo sugestivo es que sólo mencionaban dos o tres nombres de militantes asesinados. El mito de la "masacre" se agigantó con el tiempo y hoy casi nadie discute ese paradigma.En Ezeiza -como en muchos otras concentraciones de este tipo- hubo una disputa por copar el acto, movilizando grandes columnas para llegar con sus carteles lo más cerca posible del palco. Y sin dudas los ganadores fueron las columnas movilizadas por FAR y Montoneros que llegaron a posicionar sus carteles a pocos metros. El ex coronel Jorge Osinde se hizo cargo de la seguridad del palco, desplazando a las policías federal y provincial. Para ese fin constituyó un grupo de unos trescientos "pesados" con gente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), del CdO (Comando de Organización), custodios sindicales y ex militares peronistas. Un grupo variopinto de personajes de pocas luces, pero con vocación de "caza zurdos". Los proveyó de armas cortas y largas con directivas poco claras respecto en qué caso usarlas.En las columnas montoneras, identificados con brazaletes de colores diferenciados, marchaban grupos de militantes portando armas cortas de "defensa personal" . El propio Mario Firmenich calculó que serían unos cinco mil cuadros de JP armados "solo con armas cortas". Esta frase se destaca en todos los relatos como si las "armas cortas" fuesen un adorno o una banderita en la mano. Imaginemos entonces, un acto multitudinario con tres millones de personas, donde hay 300 locos en el palco fuertemente armados, y cinco mil jóvenes mezclados entre la gente provistos de armas cortas, pujando por ver quién pone los carteles más cerca. Un cóctel explosivo al que sólo le hacía falta una chispa para derivar en caos. Esto fue lo que sucedió a espaldas del palco, cuando una gruesa columna con carteles de FAR y Montoneros intentó pasar por detrás para posicionarse a la derecha del palco, lo que fue interpretado por los custodios como el intento de tomar el palco por asalto. Primero fueron insultos y empujones, luego cadenazos, hasta que alguien tiró el primer tiro y se desató el pandemonio. Lo que siguió fue una enorme confusión en la que nadie tenía claro quiénes ni contra quién disparaban.De los 13 muertos en la refriega, cuatro pertenecían a la JP: Horacio "Beto" Simona de Montoneros, Antonio Quispe de las FAR, Hugo Oscar Lanvers de la UES y Raúl Obregozo de la JP La Plata. Entre los custodios del palco las víctimas fueron tres: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del CdO: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez . Los otros 6 fallecidos no fueron reivindicados como militantes de ningún sector lo que indica que serían simples asistentes al acto. Los hechos hablan por sí mismos. Si de semejante despliegue de armas hubo cuatro muertos del sector FAR y Montoneros y tres muertos de los custodios del palco, es forzado caracterizar como emboscada y masacre. En todo caso habrá sido un enfrentamiento desigual donde ambos bandos pagaron su costo en vidas. La confusión e impericia de los custodios del palco fue tan grande que los llevó a atentar contra quienes serían de su propio bando. Es el caso los ocho torturados en el hotel de Ezeiza por la gente de Osinde: ninguno integraba las filas de la JP . Dardo José González y Luis Pellizon pertenecían a la UOM de Campana. Alberto Formigo y Tomás Almada, al sector ortodoxo de la juventud. Raúl Alberto Bartolomé, agente de la policía de Mendoza, llegó a Ezeiza con la CNU y relata que "me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron, con Ciro Ahumada dirigiéndolos".La foto más simbólica de EzeizaSi existe una foto que simboliza los hechos de Ezeiza, es la del joven de pullover claro, izado al palco desde los pelos. Esa imagen se presenta como prueba irrefutable, de la agresión de que fueron víctimas los militantes de FAR y Montoneros. Sin embargo, en el año 2010, el investigador y escritor Enrique Arrosagaray logró descubrir y entrevistar al joven de la foto. Se llama Juan José Rincón, vive en Dock Sud. Era militante en la Juventud Peronista de la República Argentina ("Jotaperra"), de la ortodoxia peronista, y concurrió a Ezeiza, con la columna de Herminio Iglesias.Entre los testimonios de La Lealtad es muy clara Marcela Durrieu, ex militante montonera y participe de la refriega, cuando analiza lo sucedido : "No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Y esto no es de ninguna manera una disculpa a los hijos de puta de Osinde y compañía, pero si lo realmente importante era el encuentro de Perón con su pueblo, la respuesta debió ser facilitarlo, independientemente de quien custodiara el palco, y asegurar que no hubiera incidentes. Me detengo en esto, porque Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción [de Montoneros] tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza"El autor es escritor. Su último libro es "Salvados por Francisco", Ediciones B 2019Seguí leyendo:Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"Peronismo o kirchnerismo

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