Tiger Woods explicó cómo pasó de ser arrestado por «alcohol y drogas» a ganar el Masters

"Apenas podía caminar. No podía sentarme. No podía acostarme. Realmente no podía hacer casi nada".

Minutos después de ganar su quinto Masters, las palabras de Eldrick Tont Woods, nacido el 30 de diciembre de 1975 en Cypress, California, suenan épicas. De hecho, lo son. Quizás nadie lo sepa mejor que los agentes que el 29 de mayo de 2017 lo hallaron dormido al volante de su vehículo en Jupiter, un pueblo de Florida, EEUU, donde Tiger tiene un restaurante ("The Woods"). Se lo llevaron detenido. Eran las 3:00 am y en su ficha de arresto detallaron los motivos preliminares: "Conducir bajo el efecto de alcohol o drogas".

La imagen que recorrió el mundo el 25 de mayo de 2017: la foto que le tomó la Policía de Jupiote al arrestarlo
La imagen que recorrió el mundo el 25 de mayo de 2017: la foto que le tomó la Policía de Jupiote al arrestarlo
La ficha del arresto por “conducir bajo el efecto de alcohol o drogas”
La ficha del arresto por “conducir bajo el efecto de alcohol o drogas”

El "mugshot" -la foto que se toma al momento de fichar a los arrestados- mostraba un rostro desolado, dolorosamente coherente con la descripción de los policías. Horas después, se difundió un video aún más lapidario. El ex campeón intentaba responder al sencillo interrogatorio de los oficiales que lo habían encontrado, pero le resultaba casi imposible.

El informe policial agrega a sus dificultades para hablar algo que el mismo Woods repitió este domingo, tal vez en su hora más gloriosa: "Incapaz de caminar por sí mismo". Nadie en su sano juicio podía imaginar que este hombre, cuya imagen final de aquel 29 de mayo lo mostraba desplomado y esposado sobre una silla de la estación de policía, podía volver a colocarse la chaqueta verde con la que sueñan todos los golfistas del planeta.

El resultado final del análisis toxicológico desnudaba su verdadero problema: un dolor insoportable en la espalda que lo llevó a consumir un cóctel de medicamentos compuesto por Vicodin, un opiáceo usado como analgésico, y otras tres drogas cuyos nombres nunca fueron confirmados porque los agentes los escribieron mal: "Soloxex, Torix y Vioxx". En realidad, se cree que se referían a Solax o Solox, Etorix y Viox. Todos buscaban mitigar sus dolores e inflamaciones.

El informe médico de la policía que detalla los medicamentos que consumía Tiger Woods (AP)
El informe médico de la policía que detalla los medicamentos que consumía Tiger Woods (AP)

¿Qué ocurrió en los 685 días que pasaron entre esa imagen y las históricas postales del 14 de abril de 2019?

"Por suerte tuve la cirugía en mi espalda, lo que me dio la oportunidad de tener una vida normal. Pero de repente me dí cuenta de que en realidad podía hacer girar un palo de golf otra vez. Sentí que si podía lograr esto de alguna manera, todavía tenía las manos para hacerlo. El cuerpo no es el mismo que hace mucho tiempo, pero todavía tengo buenas manos", dijo poco después de ganar este domingo.

Por supuesto, las motivaciones no fueron sólo físicas. Para lograr uno de los regresos más dignos de una película que se recuerde en el deporte hay un trasfondo familiar que no quedó afuera de sus respuestas en la conferencia de prensa. Vale recordar que sus hijos nunca lo habían visto ganar un torneo grande: Woods ganó el último previo a este Masters, el Abierto de los Estados Unidos, en 2008. El pequeño Charlie es a quien se pudo ver con su emocionada abuela Kultida esperando para abrazar a su padre.

El abrazo de Woods con su madre Kultida y su hijo Charlie en Augusta (REUTERS/Mike Segar)
El abrazo de Woods con su madre Kultida y su hijo Charlie en Augusta (REUTERS/Mike Segar)

"Esto ha significado mucho para mí y mi familia, este torneo, y tener a todos aquí, es algo que nunca olvidaré jamás", balbuceó en el momento más emotivo de la conferencia.

Luego recordó: "Mi papá ya no está, pero mi mamá está aquí, 22 años después (de ganar su primer Masters, en 1997), y yo gané el torneo. Y luego, tener a Sam (su hijo mayor) y Charlie aquí… Estuvieron en el British Open el año pasado cuando tuve el liderazgo en los últimos nueve, y cometí algunos errores. Me costó la oportunidad de ganar el título de The Open. No iba a dejar que eso les sucediera dos veces… (se ríe). Que vean cómo es que su padre gane un gran campeonato. Espero que sea algo que nunca olviden".

El público se volcó masivamente del lado de Woods en el final del Masters y celebró su retorno (REUTERS/Jonathan Ernst)
El público se volcó masivamente del lado de Woods en el final del Masters y celebró su retorno (REUTERS/Jonathan Ernst)

Es difícil creer que esa película -apostamos a que más de un productor de Hollywood le ha pedido a su guionista favorito que comience a escribirla este mismo lunes- vaya a tener una página más gloriosa y sorprendente que la de este 14 de abril, pero ¿quién se atreve a asegurarlo? Esta es la hora del ridículo para las decenas de voces que vaticinaron que Woods jamás podría regresar al gran nivel, y sabemos de qué hablamos cuando hablamos de "gran nivel" si se trata de Tiger.

Hablamos del joven que ganó tres veces el Abierto de EEUU como amateur ('94, 95 y '96) y que tras hacerse profesional tuvo su gran estallido en 1997, cuando apenas tenía 21 años, 3 meses y 4 días y se convirtió en el campeón más joven del Masters, con récord de diferencia de golpes (12) y el marcador más bajo (18 bajo par). Curiosamente, ahora es también el segundo más veterano con 43 años…

Momento supremo: Woods levanta el trofeo del Masters de Augusta con la tradicional chaqueta verde (REUTERS/Mike Segar)
Momento supremo: Woods levanta el trofeo del Masters de Augusta con la tradicional chaqueta verde (REUTERS/Mike Segar)

Es además el jugador que más tiempo lideró el ránking mundial (683 semanas) y el que lo hizo en más semanas consecutivas (281). El mismo que antes de los 30 años había ganado 46 torneos (el segundo es el mítico Jack Nicklaus, con apenas 30), y el que por primera vez logra ganar un torneo "major" viniendo desde atrás para superar al italiano Francesco Molinari.

Pero enumerar todas sus estadísticas no es el objetivo de esta nota. Se ha confirmado que en el golf, nada es imposible para Woods. En realidad, el hombre al que su padre rebautizó "Tigre" en honor a un vietnamita -el coronel Nguyen Phong- que le salvó la vida bajo el fuego del Vietcong, ha tachado la palabra "imposible" de su diccionario de vida.

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Una lucha por el control del palco que derivó en enfrentamientoSe ha impuesto una versión simplista de los años 70, relatada por ex dirigentes montoneros como Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky y otros, cuyo desarrollo puede sintetizarse de este modo: "Nosotros fuimos los que más luchamos para traer a Perón y él cuando llegó nos traicionó, se alió con los malos (sindicalistas y otros) nos persiguió y nos echó de la Plaza". En síntesis, la historia de un tercer Perón fascista que viene a convalidar la teoría de los viejos izquierdistas que en 1946 se aliaron al embajador norteamericano Spruille Braden para enfrentar al "nipo-nazi-fascismo" peronista. Otros autores de cuño liberal, aunque critican a la guerrilla montonera, coinciden con ellos que el malo de la película fue Perón. Terminan compartiendo la versión del mismo Jorge Videla de que "la Triple A fue una creación directa de Perón", y de que la represión ilegal "no fue idea de las FFAA sino del propio gobierno peronista".Y, en esa versión de la historia, se cruzan y coinciden los Bonasso y Verbitsky con el genocida Jorge Rafael Videla. La guerrilla necesita ese argumento para justificar sus gravísimos errores políticos y los genocidas para descargar sus culpas.La multitudinaria concentración en EzeizaMi libro La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón está dedicado íntegramente a desmontar esta versión simplista de una historia de buenos y malos. Con la particularidad de que está basado en el testimonio de 50 militantes del bando de los "buenos", o sea, ex guerrilleros que lucharon hasta 1973 por el retorno de Perón. Allí explico en detalle los sucesos del 20 de junio en Ezeiza que trataré de sintetizar brevemente aquí.En el relato montonero, el “ajusticiamiento” de Rucci fue para vengar la “Masacre de Ezeiza”Hace poco alguien dijo que el Pacto Social de Perón en 1973 fue una idea genial. Pacto que tenía dos soportes: Jose Ber Gelbard, por el sector empresario, y José Ignacio Rucci, por la CGT. Habría que decir que asesinar a Rucci dos días después de que Perón ganase por el 62 por ciento de los votos no fue un acto justiciero por parte de Montoneros, sino uno de los errores más gruesos de su historia, error que los llevó a enfrentar a Perón muchos meses antes de que el General los tratase de "imberbes" en la Plaza.Y aquí empalma el relato montonero con los hechos de Ezeiza. El "ajusticiamiento" de Rucci fue para vengar la "Masacre de Ezeiza". La descripción sucinta de los hechos es la siguiente: para recibir al General Perón en su retorno definitivo a la patria, se convocó un acto, en un palco montado en cercanías del puente 12 de la autopista Richieri. Cerca de 3 millones de personas se dieron cita desde muy temprano. Pero lo que iba a ser una fiesta esperada durante 18 años se transformó en una enorme frustración.Cerca de las 14 horas, en la parte posterior del palco se generó un tiroteo entre el grupo de custodia y una gruesa columna de Juventud Peronista identificada con FAR y Montoneros. El saldo de los enfrentamientos fue de 13 muertos y un número indeterminado de heridos.Los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza sino: "Enfrentamientos entre grupos armados". Sin embargo FAR y Montoneros, denunciaron que había sido una emboscada preparada por los sectores de la ortodoxia peronista, que se convirtió en una matanza. Lo sugestivo es que sólo mencionaban dos o tres nombres de militantes asesinados. El mito de la "masacre" se agigantó con el tiempo y hoy casi nadie discute ese paradigma.En Ezeiza -como en muchos otras concentraciones de este tipo- hubo una disputa por copar el acto, movilizando grandes columnas para llegar con sus carteles lo más cerca posible del palco. Y sin dudas los ganadores fueron las columnas movilizadas por FAR y Montoneros que llegaron a posicionar sus carteles a pocos metros. El ex coronel Jorge Osinde se hizo cargo de la seguridad del palco, desplazando a las policías federal y provincial. Para ese fin constituyó un grupo de unos trescientos "pesados" con gente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), del CdO (Comando de Organización), custodios sindicales y ex militares peronistas. Un grupo variopinto de personajes de pocas luces, pero con vocación de "caza zurdos". Los proveyó de armas cortas y largas con directivas poco claras respecto en qué caso usarlas.En las columnas montoneras, identificados con brazaletes de colores diferenciados, marchaban grupos de militantes portando armas cortas de "defensa personal" . El propio Mario Firmenich calculó que serían unos cinco mil cuadros de JP armados "solo con armas cortas". Esta frase se destaca en todos los relatos como si las "armas cortas" fuesen un adorno o una banderita en la mano. Imaginemos entonces, un acto multitudinario con tres millones de personas, donde hay 300 locos en el palco fuertemente armados, y cinco mil jóvenes mezclados entre la gente provistos de armas cortas, pujando por ver quién pone los carteles más cerca. Un cóctel explosivo al que sólo le hacía falta una chispa para derivar en caos. Esto fue lo que sucedió a espaldas del palco, cuando una gruesa columna con carteles de FAR y Montoneros intentó pasar por detrás para posicionarse a la derecha del palco, lo que fue interpretado por los custodios como el intento de tomar el palco por asalto. Primero fueron insultos y empujones, luego cadenazos, hasta que alguien tiró el primer tiro y se desató el pandemonio. Lo que siguió fue una enorme confusión en la que nadie tenía claro quiénes ni contra quién disparaban.De los 13 muertos en la refriega, cuatro pertenecían a la JP: Horacio "Beto" Simona de Montoneros, Antonio Quispe de las FAR, Hugo Oscar Lanvers de la UES y Raúl Obregozo de la JP La Plata. Entre los custodios del palco las víctimas fueron tres: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del CdO: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez . Los otros 6 fallecidos no fueron reivindicados como militantes de ningún sector lo que indica que serían simples asistentes al acto. Los hechos hablan por sí mismos. Si de semejante despliegue de armas hubo cuatro muertos del sector FAR y Montoneros y tres muertos de los custodios del palco, es forzado caracterizar como emboscada y masacre. En todo caso habrá sido un enfrentamiento desigual donde ambos bandos pagaron su costo en vidas. La confusión e impericia de los custodios del palco fue tan grande que los llevó a atentar contra quienes serían de su propio bando. Es el caso los ocho torturados en el hotel de Ezeiza por la gente de Osinde: ninguno integraba las filas de la JP . Dardo José González y Luis Pellizon pertenecían a la UOM de Campana. Alberto Formigo y Tomás Almada, al sector ortodoxo de la juventud. Raúl Alberto Bartolomé, agente de la policía de Mendoza, llegó a Ezeiza con la CNU y relata que "me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron, con Ciro Ahumada dirigiéndolos".La foto más simbólica de EzeizaSi existe una foto que simboliza los hechos de Ezeiza, es la del joven de pullover claro, izado al palco desde los pelos. Esa imagen se presenta como prueba irrefutable, de la agresión de que fueron víctimas los militantes de FAR y Montoneros. Sin embargo, en el año 2010, el investigador y escritor Enrique Arrosagaray logró descubrir y entrevistar al joven de la foto. Se llama Juan José Rincón, vive en Dock Sud. Era militante en la Juventud Peronista de la República Argentina ("Jotaperra"), de la ortodoxia peronista, y concurrió a Ezeiza, con la columna de Herminio Iglesias.Entre los testimonios de La Lealtad es muy clara Marcela Durrieu, ex militante montonera y participe de la refriega, cuando analiza lo sucedido : "No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Y esto no es de ninguna manera una disculpa a los hijos de puta de Osinde y compañía, pero si lo realmente importante era el encuentro de Perón con su pueblo, la respuesta debió ser facilitarlo, independientemente de quien custodiara el palco, y asegurar que no hubiera incidentes. Me detengo en esto, porque Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción [de Montoneros] tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza"El autor es escritor. Su último libro es "Salvados por Francisco", Ediciones B 2019Seguí leyendo:Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"Peronismo o kirchnerismo

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