La historia del escultor oculto de los clásicos lobos marinos de la rambla

El detalle de la obra que se convirtió en la postal de Mar del Plata
El detalle de la obra que se convirtió en la postal de Mar del Plata

El escultor José Fioravanti pasó a la historia como el autor de la obra y no hay dudas de que lo sea. Sin embargo, no habrían sido sus manos las que le dieron forma a los clásicos lobos marinos de la rambla de Mar del Plata. Un inmigrante eslavo, Janez Anton Gruden, es rescatado por la comunidad eslava en la ciudad balnearia y por uno de sus hijos como el realizador olvidado de los ejemplares.

No fue un robo, ni un plagio, ni un caso de "viveza criolla". Apenas una omisión histórica. "No hay ningún enfrentamiento, Fioravanti tuvo una idea genial y mi padre la realizó", le explicó Eduardo Gruden (82), hijo del escultor eslavo a Infobae. Y amplió: "El creador fue Fioravanti, el que tuvo la idea, el laburo es una cosa pesada y cuando uno tiene varias cosas se las da a un tercero".

Juan A. Gruden (1897-1974)
Juan A. Gruden (1897-1974)

"Pasó con muchos extranjeros venidos al país que hicieron obras interesantes pero que no pudieron figurar como autores porque no tenían el título que les permitía firmarlas", agregó en esa línea consultada por este medio Geraldina Kazilari (75), presidenta del Centro Cultural Eslavos Unidos de calle Chile 1324, fundado hace 25 años en Mar del Plata y quien conocía la historia.

La obra "Los Lobos Marinos" es la ornamentación escultórica del Casino y Gran Hotel Provincial y de la Rambla de playa Bristol. Alrededor de ellos desfilan desde que fueron emplazados en ese lugar en el año 1946, familias, parejas, amigos, cursos escolares y hasta equipos deportivos. Todos hacen fila para fotografiarse junto a las esculturas, como si la instantánea fuera la única forma de demostrar que realmente estuvieron en Mar del Plata.

La obra “Los Lobos Marinos” se encuentra emplazada sobre la rambla entre el Casino y el Hotel Provincial
La obra “Los Lobos Marinos” se encuentra emplazada sobre la rambla entre el Casino y el Hotel Provincial

Janez Anton Gruden nació en el año 1897. Su padre había sido propietario de una cantera en la famosa Cava de Aurisina, antiquísima provedora de mármol de primera calidad, ubicada en cercanías de la ciudad de Trieste, al norte de Italia. Fueron las consecuencias de la Primera Guerra Mundial en Europa las que hicieron que, en el año 1928, el entonces profesor de aritmética, dibujo y escultura viajara a la Argentina a buscar un mejor futuro. Sin embargo, llegó en uno de los peores presentes.

"Acá en la Argentina sin darse cuenta saltó de la sartén al fuego, porque llegó para la crisis del 30", contó su hijo en medio de una carcajada cómplice y a la distancia, aunque afortunadamente, aclaró, todavía en el país había intención de realizar obras escultóricas y eso le permitió a su padre poder trabajar.

Además de los lobos Gruden, realizó entre otros trabajos que fueron declarados monumentos históricos, el Escudo Nacional y los provinciales que ornamentan el Patio Cívico del Monumento a la Bandera Nacional en Rosario (obra de Ángel Guido y Alejandro Bustillo). Además, a 100 metros del Obelisco porteño hizo en granito la ornamentación del Edificio Pini, así como la ornamentación escultórica del Edificio ROU y el Monumento a España (en conjunto con Arturo Dresco).

En la realización del monumento a España (sentado al centro de la foto)
En la realización del monumento a España (sentado al centro de la foto)

Lo que entonces era una costumbre, apenas un modo de trabajo de la época, terminó haciendo sin embargo que el nombre de Gruden, la fuerza artística que habría moldeado los bloques de piedra que se convirtieron en la imagen marplatense por excelencia, cayera en el olvido. Lo mismo que ocurrió con muchos otros que llegaban de Europa y para los que la prioridad era trabajar.

"Inclusive el nombre de Fioravanti en la obra lo debe haber tallado mi padre, pasa que en aquel momento el que firmaba el contrato se arrogaba la potestad de hacer la obra", explicó Eduardo, que dedicó gran parte de su vida a recopilar la historia de su padre a lo largo de los monumentos. Pistas escultóricas que lo llevaron a encontrarse con Janez Anton de una forma diferente.

El detalle de “Los Lobos Marinos”
El detalle de “Los Lobos Marinos”

"¿Sabés que hizo tu papá? Tu papá hizo los lobos marinos", es el primer recuerdo infantil que Eduardo tiene de una historia que entonces no entendía, comentarios de familias amigas a los que él les daría sentido años más tarde. En un viaje a la región italiana de Trieste, cuando conoció a los descendientes de los familiares que se habían quedado en Europa, llegó a una postal que su papá había mandado desde Mar del Plata, en la que al dorso, de puño y letra, contaba sobre la obra en la que estaba trabajando: "Los Lobos Marinos".

"Fioravanti tenía el sentido comercial que no tenía mi padre, tenía recursos y estaba muy bien vinculado", admitió Eduardo sobre el escultor argentino. A él, como hijo del artista eslavo, le fue muy difícil poder reconstruir la historia, atravesada por el sacrificio y una infancia en la que no le sobró nada a la familia Gruden.

"No era fácil mi padre tenía las manos cortadas, golpeadas, el escultor de talla directa hace un trabajo pesado", describió, antes de cerrar: "El realizador fue mi padre y el creador intelectual Fioravanti. La gloria fue de los dos".

Fotos: Christian Heit

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Una lucha por el control del palco que derivó en enfrentamientoSe ha impuesto una versión simplista de los años 70, relatada por ex dirigentes montoneros como Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky y otros, cuyo desarrollo puede sintetizarse de este modo: "Nosotros fuimos los que más luchamos para traer a Perón y él cuando llegó nos traicionó, se alió con los malos (sindicalistas y otros) nos persiguió y nos echó de la Plaza". En síntesis, la historia de un tercer Perón fascista que viene a convalidar la teoría de los viejos izquierdistas que en 1946 se aliaron al embajador norteamericano Spruille Braden para enfrentar al "nipo-nazi-fascismo" peronista. Otros autores de cuño liberal, aunque critican a la guerrilla montonera, coinciden con ellos que el malo de la película fue Perón. 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Allí explico en detalle los sucesos del 20 de junio en Ezeiza que trataré de sintetizar brevemente aquí.En el relato montonero, el “ajusticiamiento” de Rucci fue para vengar la “Masacre de Ezeiza”Hace poco alguien dijo que el Pacto Social de Perón en 1973 fue una idea genial. Pacto que tenía dos soportes: Jose Ber Gelbard, por el sector empresario, y José Ignacio Rucci, por la CGT. Habría que decir que asesinar a Rucci dos días después de que Perón ganase por el 62 por ciento de los votos no fue un acto justiciero por parte de Montoneros, sino uno de los errores más gruesos de su historia, error que los llevó a enfrentar a Perón muchos meses antes de que el General los tratase de "imberbes" en la Plaza.Y aquí empalma el relato montonero con los hechos de Ezeiza. El "ajusticiamiento" de Rucci fue para vengar la "Masacre de Ezeiza". La descripción sucinta de los hechos es la siguiente: para recibir al General Perón en su retorno definitivo a la patria, se convocó un acto, en un palco montado en cercanías del puente 12 de la autopista Richieri. Cerca de 3 millones de personas se dieron cita desde muy temprano. Pero lo que iba a ser una fiesta esperada durante 18 años se transformó en una enorme frustración.Cerca de las 14 horas, en la parte posterior del palco se generó un tiroteo entre el grupo de custodia y una gruesa columna de Juventud Peronista identificada con FAR y Montoneros. El saldo de los enfrentamientos fue de 13 muertos y un número indeterminado de heridos.Los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza sino: "Enfrentamientos entre grupos armados". Sin embargo FAR y Montoneros, denunciaron que había sido una emboscada preparada por los sectores de la ortodoxia peronista, que se convirtió en una matanza. Lo sugestivo es que sólo mencionaban dos o tres nombres de militantes asesinados. El mito de la "masacre" se agigantó con el tiempo y hoy casi nadie discute ese paradigma.En Ezeiza -como en muchos otras concentraciones de este tipo- hubo una disputa por copar el acto, movilizando grandes columnas para llegar con sus carteles lo más cerca posible del palco. Y sin dudas los ganadores fueron las columnas movilizadas por FAR y Montoneros que llegaron a posicionar sus carteles a pocos metros. El ex coronel Jorge Osinde se hizo cargo de la seguridad del palco, desplazando a las policías federal y provincial. Para ese fin constituyó un grupo de unos trescientos "pesados" con gente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), del CdO (Comando de Organización), custodios sindicales y ex militares peronistas. Un grupo variopinto de personajes de pocas luces, pero con vocación de "caza zurdos". Los proveyó de armas cortas y largas con directivas poco claras respecto en qué caso usarlas.En las columnas montoneras, identificados con brazaletes de colores diferenciados, marchaban grupos de militantes portando armas cortas de "defensa personal" . El propio Mario Firmenich calculó que serían unos cinco mil cuadros de JP armados "solo con armas cortas". Esta frase se destaca en todos los relatos como si las "armas cortas" fuesen un adorno o una banderita en la mano. Imaginemos entonces, un acto multitudinario con tres millones de personas, donde hay 300 locos en el palco fuertemente armados, y cinco mil jóvenes mezclados entre la gente provistos de armas cortas, pujando por ver quién pone los carteles más cerca. Un cóctel explosivo al que sólo le hacía falta una chispa para derivar en caos. Esto fue lo que sucedió a espaldas del palco, cuando una gruesa columna con carteles de FAR y Montoneros intentó pasar por detrás para posicionarse a la derecha del palco, lo que fue interpretado por los custodios como el intento de tomar el palco por asalto. Primero fueron insultos y empujones, luego cadenazos, hasta que alguien tiró el primer tiro y se desató el pandemonio. Lo que siguió fue una enorme confusión en la que nadie tenía claro quiénes ni contra quién disparaban.De los 13 muertos en la refriega, cuatro pertenecían a la JP: Horacio "Beto" Simona de Montoneros, Antonio Quispe de las FAR, Hugo Oscar Lanvers de la UES y Raúl Obregozo de la JP La Plata. Entre los custodios del palco las víctimas fueron tres: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del CdO: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez . Los otros 6 fallecidos no fueron reivindicados como militantes de ningún sector lo que indica que serían simples asistentes al acto. Los hechos hablan por sí mismos. Si de semejante despliegue de armas hubo cuatro muertos del sector FAR y Montoneros y tres muertos de los custodios del palco, es forzado caracterizar como emboscada y masacre. En todo caso habrá sido un enfrentamiento desigual donde ambos bandos pagaron su costo en vidas. La confusión e impericia de los custodios del palco fue tan grande que los llevó a atentar contra quienes serían de su propio bando. Es el caso los ocho torturados en el hotel de Ezeiza por la gente de Osinde: ninguno integraba las filas de la JP . Dardo José González y Luis Pellizon pertenecían a la UOM de Campana. Alberto Formigo y Tomás Almada, al sector ortodoxo de la juventud. Raúl Alberto Bartolomé, agente de la policía de Mendoza, llegó a Ezeiza con la CNU y relata que "me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron, con Ciro Ahumada dirigiéndolos".La foto más simbólica de EzeizaSi existe una foto que simboliza los hechos de Ezeiza, es la del joven de pullover claro, izado al palco desde los pelos. Esa imagen se presenta como prueba irrefutable, de la agresión de que fueron víctimas los militantes de FAR y Montoneros. Sin embargo, en el año 2010, el investigador y escritor Enrique Arrosagaray logró descubrir y entrevistar al joven de la foto. Se llama Juan José Rincón, vive en Dock Sud. Era militante en la Juventud Peronista de la República Argentina ("Jotaperra"), de la ortodoxia peronista, y concurrió a Ezeiza, con la columna de Herminio Iglesias.Entre los testimonios de La Lealtad es muy clara Marcela Durrieu, ex militante montonera y participe de la refriega, cuando analiza lo sucedido : "No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Y esto no es de ninguna manera una disculpa a los hijos de puta de Osinde y compañía, pero si lo realmente importante era el encuentro de Perón con su pueblo, la respuesta debió ser facilitarlo, independientemente de quien custodiara el palco, y asegurar que no hubiera incidentes. Me detengo en esto, porque Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción [de Montoneros] tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza"El autor es escritor. Su último libro es "Salvados por Francisco", Ediciones B 2019Seguí leyendo:Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"Peronismo o kirchnerismo

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