Barbijos, miedo y crisis económica: así vive hoy Epuyén, el pueblo jaqueado por el hantavirus

Con barbijo para ir hasta un cajero automático en Epuyén (Franco Fernández)
Con barbijo para ir hasta un cajero automático en Epuyén (Franco Fernández)

A primera vista, Epuyén no parece un pueblo en cuarentena. Es viernes al mediodía y a la entrada de este lugar de aspecto bucólico con aires de aldea agrícola sobre la Ruta 40, un hombre joven hace running en un parque público. A pocos metros, en una estación de servicio, un playero despacha combustible y saluda con amabilidad a los clientes. No hay vallas, bloqueos de ruta, retenes sanitarios, presencia de la policía o de Gendarmería. Apenas el movimiento habitual de una ruta que conecta los principales destinos turísticos del norte de Chubut y sur de Río Negro.

Oficina de Turismo de Epuyén (Franco Fernández)
Oficina de Turismo de Epuyén (Franco Fernández)

Sin embargo, a medida que uno avanza aparecen indicios de que algo distinto está pasando. En la oficina de turismo, ubicada a la vera de la ruta, un empleado municipal les explica a dos turistas los atractivos del lugar. Sería una escena normal para cualquiera de estos pueblos que en verano desbordan de visitantes en busca del encanto de los lagos del Sur si no fuera por el empleado que usa barbijo y se enjuaga obsesivamente las manos con alcohol en gel.

No se trata de un trastorno obsesivo-compulsivo: es una orden municipal firmada hace dos días como parte de las medidas dispuestas para contener un nuevo brote letal de hantavirus. La enfermedad transmitida por un ratón conocido en la zona como "colilargo", con síntomas similares a la gripe, ya se cobró 9 muertes desde que se detectó el primer caso, a fines de noviembre.

En el corazón de esta pequeña comunidad de 4.000 habitantes dedicada principalmente al turismo, la sensación de crisis es notoria: la gente usa barbijo para ir al mercado, para pagar los impuestos, para sacar dinero del único cajero automático del pueblo.

La preocupación es grande y todos los pobladores eligen tomar medidas de precaución (Franco Fernández)
La preocupación es grande y todos los pobladores eligen tomar medidas de precaución (Franco Fernández)

"Es una preocupación grande, hay mucha gente conocida que falleció", dice Laura, tía de una de las víctimas fatales, mientras paga una boleta. "Acá todos nos conocemos".

Precisamente ese carácter de pueblo chico haya sido quizá la principal causa de este nuevo brote, luego del primero, ocurrido en 1996. Esta vez el contagio de persona a persona ocurrió a una velocidad que superó la previsión de las autoridades y que tuvo un origen en apariencia ingenuo: una fiesta de 15.

La celebración fue el 3 de noviembre de 2018 en el salón Peumayén, cerca de la costa del lago, un lugar prolijo rodeado de un jardín con flores y césped bien cortado.

La entrada al Salón Peumayén donde se hizo la fiesta de 15 y el contagio que terminó con la vida de 9 personas (Franco Fernández)
La entrada al Salón Peumayén donde se hizo la fiesta de 15 y el contagio que terminó con la vida de 9 personas (Franco Fernández)

Hay varias versiones sobre la aparición del primer caso, el llamado "caso índice": algunos dicen que el primer infectado se contagió mientras recogía hongos en el bosque y entró en contacto con las esporas del virus, presente en las heces del "colilargo"; otros, que se contaminó mientras barría un galpón.

La versión más fehaciente, reconstruida por los epidemiólogos que trabajan en la zona desde la aparición del brote y relatada a Infobae por autoridades municipales, es que se contagió mientras cortaba leña en una zona rural.

Lo cierto es que el hombre acudió a la la fiesta y de ahí el virus se propagó entre los allegados. Él sobrevivió, pero la enfermedad acabó con la vida de 9 familiares y vecinos, entre ellos una niña de 14 años, amiga de la cumpleañera, y otra de 16.

Los empleados aseguran que ya no se venden boletos de colectivo (Franco Fernández)
Los empleados aseguran que ya no se venden boletos de colectivo (Franco Fernández)

La angustia que causa el brote entre los pobladores no tiene edad. "Estoy preocupado", dice Junior, de 11 años, parado con los pies en el asfalto sobre su bicicleta a metros del hospital local, que no atiende pacientes afectados por hantavirus, ya que todos son derivados a centros de mayor complejidad en Esquel y Bariloche: "Capaz puede morir alguien de mi familia", concluye el niño.

Juliana, que atiende una oficina de venta de boletos de colectivos, asegura que ya no se venden pasajes y que la empresa para la que trabaja le adelantó que van a cerrar el servicio. Los campings están vacíos y hasta un polirrubro camino al lago ya puso un lúgubre aviso: "Liquidación por cierre".

Antonio Reato, intendente municipal de Epuyén: “Estamos peor que en el peor mes del año cuando no hay turismo” (Franco Fernández)
Antonio Reato, intendente municipal de Epuyén: “Estamos peor que en el peor mes del año cuando no hay turismo” (Franco Fernández)

El intendente de Epuyén, Antonio Reato, reconoce que la situación es "complicada" y que los barbijos "asustan un poco". Sin embargo, dice que su uso es preventivo y que sólo es obligatorio para quienes estén sospechados de portar el virus o para quienes estén efectivamente infectados.

Al evaluar el impacto a nivel económico de la crisis, no titubea: "Estamos peor que en el peor mes del año cuando no hay turismo". Pese a la crisis que lo rodea, se muestra optimista: "Hace siete días que no se detectan casos sospechosos dentro de Epuyén", dice a Infobae. Pero como los períodos de incubación del virus son de entre 7 y 30 días, aún es difícil determinar si el ciclo del brote está cerca del final.

Pablo Nouveau, director del Área Programática Esquel, prefiere hablar de una "meseta", y destaca que de los 115 casos positivos de hantavirus detectados en los últimos 30 años todos fueron por contagio ambiental, es decir, del ratón al hombre, y no interpersonal.

Pablo Nouveau, director de Área Programática Esquel del Ministerio de Salud de Chubut, y Fabian Puratich, subsecretario de Gestión Institucional
Pablo Nouveau, director de Área Programática Esquel del Ministerio de Salud de Chubut, y Fabian Puratich, subsecretario de Gestión Institucional

El viceministro de Salud de la provincia, Fabián Puratich, de visita en Epuyén, recomienda "no bajar la guardia", aun cuando todavía deben esperar dos períodos de incubación, unos 80 días aproximadamente, para declarar el final del brote. No obstante, dice que hay que aprender a convivir con la presencia del hantavirus en la zona. "No hay posibilidad de erradicar la enfermedad", afirma. "Es como querer erradicar la gripe".

El camping vacío, una imagen inusual para esta época del año (Franco Fernández)
El camping vacío, una imagen inusual para esta época del año (Franco Fernández)

En la actualidad hay en Epuyén unas 86 personas en condición de aislamiento en sus hogares debido a que estuvieron en contacto con alguno de los casos positivos de hantavirus. Todavía permanecen internados 8 pacientes, 4 de ellos en terapia intensiva en Esquel -2 hombres y 2 mujeres jóvenes-, y no se descarta que la cifra de muertos siga en aumento.

En estas condiciones, parece difícil que el pueblo pueda recuperar la calma, en medio de la desconfianza reinante por temor a ser portador del virus y el riesgo de que vivir en el pueblo se convierta en un estigma. Como sintetiza Juliana: "Si vas a otros lugares y decís que sos de Epuyén, no te atienden bien".

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Ezeiza, la “masacre” que no fue

Una lucha por el control del palco que derivó en enfrentamientoSe ha impuesto una versión simplista de los años 70, relatada por ex dirigentes montoneros como Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky y otros, cuyo desarrollo puede sintetizarse de este modo: "Nosotros fuimos los que más luchamos para traer a Perón y él cuando llegó nos traicionó, se alió con los malos (sindicalistas y otros) nos persiguió y nos echó de la Plaza". En síntesis, la historia de un tercer Perón fascista que viene a convalidar la teoría de los viejos izquierdistas que en 1946 se aliaron al embajador norteamericano Spruille Braden para enfrentar al "nipo-nazi-fascismo" peronista. Otros autores de cuño liberal, aunque critican a la guerrilla montonera, coinciden con ellos que el malo de la película fue Perón. Terminan compartiendo la versión del mismo Jorge Videla de que "la Triple A fue una creación directa de Perón", y de que la represión ilegal "no fue idea de las FFAA sino del propio gobierno peronista".Y, en esa versión de la historia, se cruzan y coinciden los Bonasso y Verbitsky con el genocida Jorge Rafael Videla. La guerrilla necesita ese argumento para justificar sus gravísimos errores políticos y los genocidas para descargar sus culpas.La multitudinaria concentración en EzeizaMi libro La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón está dedicado íntegramente a desmontar esta versión simplista de una historia de buenos y malos. Con la particularidad de que está basado en el testimonio de 50 militantes del bando de los "buenos", o sea, ex guerrilleros que lucharon hasta 1973 por el retorno de Perón. Allí explico en detalle los sucesos del 20 de junio en Ezeiza que trataré de sintetizar brevemente aquí.En el relato montonero, el “ajusticiamiento” de Rucci fue para vengar la “Masacre de Ezeiza”Hace poco alguien dijo que el Pacto Social de Perón en 1973 fue una idea genial. Pacto que tenía dos soportes: Jose Ber Gelbard, por el sector empresario, y José Ignacio Rucci, por la CGT. Habría que decir que asesinar a Rucci dos días después de que Perón ganase por el 62 por ciento de los votos no fue un acto justiciero por parte de Montoneros, sino uno de los errores más gruesos de su historia, error que los llevó a enfrentar a Perón muchos meses antes de que el General los tratase de "imberbes" en la Plaza.Y aquí empalma el relato montonero con los hechos de Ezeiza. El "ajusticiamiento" de Rucci fue para vengar la "Masacre de Ezeiza". La descripción sucinta de los hechos es la siguiente: para recibir al General Perón en su retorno definitivo a la patria, se convocó un acto, en un palco montado en cercanías del puente 12 de la autopista Richieri. Cerca de 3 millones de personas se dieron cita desde muy temprano. Pero lo que iba a ser una fiesta esperada durante 18 años se transformó en una enorme frustración.Cerca de las 14 horas, en la parte posterior del palco se generó un tiroteo entre el grupo de custodia y una gruesa columna de Juventud Peronista identificada con FAR y Montoneros. El saldo de los enfrentamientos fue de 13 muertos y un número indeterminado de heridos.Los titulares de los principales diarios no mencionaban las palabras masacre o matanza sino: "Enfrentamientos entre grupos armados". Sin embargo FAR y Montoneros, denunciaron que había sido una emboscada preparada por los sectores de la ortodoxia peronista, que se convirtió en una matanza. Lo sugestivo es que sólo mencionaban dos o tres nombres de militantes asesinados. El mito de la "masacre" se agigantó con el tiempo y hoy casi nadie discute ese paradigma.En Ezeiza -como en muchos otras concentraciones de este tipo- hubo una disputa por copar el acto, movilizando grandes columnas para llegar con sus carteles lo más cerca posible del palco. Y sin dudas los ganadores fueron las columnas movilizadas por FAR y Montoneros que llegaron a posicionar sus carteles a pocos metros. El ex coronel Jorge Osinde se hizo cargo de la seguridad del palco, desplazando a las policías federal y provincial. Para ese fin constituyó un grupo de unos trescientos "pesados" con gente de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), del CdO (Comando de Organización), custodios sindicales y ex militares peronistas. Un grupo variopinto de personajes de pocas luces, pero con vocación de "caza zurdos". Los proveyó de armas cortas y largas con directivas poco claras respecto en qué caso usarlas.En las columnas montoneras, identificados con brazaletes de colores diferenciados, marchaban grupos de militantes portando armas cortas de "defensa personal" . El propio Mario Firmenich calculó que serían unos cinco mil cuadros de JP armados "solo con armas cortas". Esta frase se destaca en todos los relatos como si las "armas cortas" fuesen un adorno o una banderita en la mano. Imaginemos entonces, un acto multitudinario con tres millones de personas, donde hay 300 locos en el palco fuertemente armados, y cinco mil jóvenes mezclados entre la gente provistos de armas cortas, pujando por ver quién pone los carteles más cerca. Un cóctel explosivo al que sólo le hacía falta una chispa para derivar en caos. Esto fue lo que sucedió a espaldas del palco, cuando una gruesa columna con carteles de FAR y Montoneros intentó pasar por detrás para posicionarse a la derecha del palco, lo que fue interpretado por los custodios como el intento de tomar el palco por asalto. Primero fueron insultos y empujones, luego cadenazos, hasta que alguien tiró el primer tiro y se desató el pandemonio. Lo que siguió fue una enorme confusión en la que nadie tenía claro quiénes ni contra quién disparaban.De los 13 muertos en la refriega, cuatro pertenecían a la JP: Horacio "Beto" Simona de Montoneros, Antonio Quispe de las FAR, Hugo Oscar Lanvers de la UES y Raúl Obregozo de la JP La Plata. Entre los custodios del palco las víctimas fueron tres: el capitán RE del ejército Máximo Chavarri, y los militantes del CdO: Rogelio Cuesta y Carlos Domínguez . Los otros 6 fallecidos no fueron reivindicados como militantes de ningún sector lo que indica que serían simples asistentes al acto. Los hechos hablan por sí mismos. Si de semejante despliegue de armas hubo cuatro muertos del sector FAR y Montoneros y tres muertos de los custodios del palco, es forzado caracterizar como emboscada y masacre. En todo caso habrá sido un enfrentamiento desigual donde ambos bandos pagaron su costo en vidas. La confusión e impericia de los custodios del palco fue tan grande que los llevó a atentar contra quienes serían de su propio bando. Es el caso los ocho torturados en el hotel de Ezeiza por la gente de Osinde: ninguno integraba las filas de la JP . Dardo José González y Luis Pellizon pertenecían a la UOM de Campana. Alberto Formigo y Tomás Almada, al sector ortodoxo de la juventud. Raúl Alberto Bartolomé, agente de la policía de Mendoza, llegó a Ezeiza con la CNU y relata que "me llevaron al hotel de Ezeiza y me torturaron, con Ciro Ahumada dirigiéndolos".La foto más simbólica de EzeizaSi existe una foto que simboliza los hechos de Ezeiza, es la del joven de pullover claro, izado al palco desde los pelos. Esa imagen se presenta como prueba irrefutable, de la agresión de que fueron víctimas los militantes de FAR y Montoneros. Sin embargo, en el año 2010, el investigador y escritor Enrique Arrosagaray logró descubrir y entrevistar al joven de la foto. Se llama Juan José Rincón, vive en Dock Sud. Era militante en la Juventud Peronista de la República Argentina ("Jotaperra"), de la ortodoxia peronista, y concurrió a Ezeiza, con la columna de Herminio Iglesias.Entre los testimonios de La Lealtad es muy clara Marcela Durrieu, ex militante montonera y participe de la refriega, cuando analiza lo sucedido : "No sé cómo empezó el tiroteo, pero un enfrentamiento, por grave que sea, no es lo mismo que una masacre y no es cierto que los montoneros habían concurrido desprevenidos y no imaginaran un posible enfrentamiento. Y esto no es de ninguna manera una disculpa a los hijos de puta de Osinde y compañía, pero si lo realmente importante era el encuentro de Perón con su pueblo, la respuesta debió ser facilitarlo, independientemente de quien custodiara el palco, y asegurar que no hubiera incidentes. Me detengo en esto, porque Ezeiza fue una excusa perfecta para comenzar la estrategia de victimización y enfrentamiento frontal con el peronismo y con Perón. La insistencia en destacar que había sido una emboscada, en asignarse todos los muertos y heridos, en magnificar los hechos y en diluir la trascendencia de la imposibilidad del descenso de Perón fueron una política dirigida a convencer al país y a la tropa propia de la condición de víctimas. La Conducción [de Montoneros] tenía resuelto, o consideraba irremediable el enfrentamiento con Perón, desde el día en que quedó claro el regreso, sólo faltaba resolver el momento y la forma y, supongo que consciente o inconscientemente, el inicio fue Ezeiza"El autor es escritor. Su último libro es "Salvados por Francisco", Ediciones B 2019Seguí leyendo:Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"Peronismo o kirchnerismo

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